Castigos y recompensas

Los castigos

Cuando un niño no logra comportarse, a nadie le gusta – menos al niño mismo. Pero en situaciones difíciles está haciendo su mejor esfuerzo y no le sale muy bien.

Ahora, ¿qué podemos hacer para disminuir el riesgo de que vuelva a pasar en situaciones parecidas? La mayoría de los adultos creen que si el niño experimenta una “consecuencia negativa” o sea un castigo después de un comportamiento no deseado, el niño no volverá a repetir ese comportamiento. Así funciona para los adultos, pero no para los niños.

La diferencia entre castigos y consecuencias es un tema que los psicólogos todavía discuten. Pero hay un factor interesante: si un niño percibe una consecuencia como un castigo aumenta el riesgo para que el comportamiento no deseado se repita. No se trata de lo que pasa en realidad, sino cómo lo percibe el niño. Consecuencias naturales (una silla que se cae porque la empujaste) no son percibidas como castigos. Pero no poder ver la tele porque “te peleaste con tu hermana”, sí. Y entonces aumenta el riesgo a que eso vuelva a suceder.

Sabemos que:

  • El castigo nos hace sentir tratados de manera injusta. Sentir que los papás los tratan injustamente, baja el nivel de confianza del niño – y nuestra credibilidad como papás baja inmediatamente.
  • El castigo aumenta el comportamiento que intentamos erradicar. Hay estudios que muestran que al encarcelar a un joven por haber cometido un primer crimen, en vez de ofrecerle servicio social, aumenta el 150% la posibilidad de que vuelva a caer en la delincuencia.
  • El castigo puede volver legítimo un comportamiento. El castigo quita la mala consciencia inmediatamente. Lo mismo sucede con las recompensas: si el niño no quiere la recompensa, no necesita comportarse bien.  
  • Los estudios muestran que castigar a alguien produce una sensación de bienestar. Aún si nosotros mismos perdemos a corto y largo plazo, castigar nos genera una sensación de justicia. Dentro de una familia esto significa que se vuelve un problema, porque los castigos producen más pleitos. Y nosotros como papás más perdemos en credibilidad.

La pregunta no es si vamos a dejar que los niños digan o hagan cualquier cosa. La pregunta es: ¿cómo logramos que el niño no lo vuelva a hacer en el futuro en una situación semejante? Y entonces nos volvemos a topar con el hecho de que “los niños que pueden comportarse lo hacen”. ¿Exactamente qué, en dada situación, hizo que tu hijo no se pudo comportar? ¿Cómo podrías cambiar las condiciones en situaciones parecidas en el futuro? No necesitamos reglas. Necesitamos situaciones que funcionen.

Las recompensas

Ya que las recompensas funcionan igual como los castigos vale la pena mencionarlas aquí. El problema con un sistema de recompensas es que pone la responsabilidad en el niño. Y igual como con los castigos, las recompensas pueden legitimar que el niño piense que no pasa nada haciendo lo inadecuado. Las recompensas en general también van a aumentar lo no deseado.

Sabemos que

  • Todas las recompensas requieren negociación. Los papás suelen proponer una recompensa  mínima para lograr el comportamiento deseado en el niño. Si el niño acepta, funciona. Pero como con todas las negociaciones, es muy común que con el tiempo, el niño va a querer tener más, empieza una “inflación” en el sistema, y el comportamiento deseado cuesta más y más caro.
  • Cuando recibes tu primera recompensa, genera felicidad. Tal vez porque el niño en realidad siente que no lo merece. Después de un tiempo desaparece la felicidad, porque el niño ya siente que sí lo merece. En ciertas familias las recompensas cuestan varios juegos de computadora cada semana. Y el niño ya ni se alegra.
  • Cuando entregamos estrellas a los niños que sí logran portarse bien, tiene el efecto opuesto en los demás niños, que viven como un castigo el no recibir nada – aún si los papás sólo lo perciben como que no recibió una recompensa. A veces surgen conflictos cuando los niños sienten que no hicieron nada malo a propósito. Cuando una recompensa no llega, y el niño lo percibe como un castigo, el sistema de recompensas ya no funciona, ya que los castigos no tienen el efecto positivo que piensa la gente.
  • El sistema de recompensas se basa en la idea de que aumente la motivación para comportarse mejor, para que después de un tiempo podamos quitarlo por completo. Así no funciona. Los estudios muestran que cuando quitamos las recompensas, disminuye el comportamiento recompensado. ¿Cuántos adultos iríamos a trabajar si nos quitaran nuestro sueldo?
  • Una recompensa es parte de una relación de poder. Son los papás los que deciden qué recompensar y cuándo los niños se merecen esa recompensa. Eso pone a los papás en una relación opuesta a sus hijos.
  • Una relación de opuestos implica que alguien tiene que ganar. O los papás o los hijos. Al iniciar, los papás creen que van a ganar, pero los hijos no nos dejan. No es tan raro. Nadie quiere perder. Pero esto significa que la relación entre los adultos y los niños fracasa. En este curso partimos de la idea que es mejor colaborar que pelearnos. Con esa idea, el sistema de recompensas se vuelve un problema. Contrarresta la colaboración por la estructura de poder que existe.

Las recompensas hacen que es casi imposible salir exitoso, porque estamos poniendo la responsabilidad en los niños – lo que quita la posibilidad a los papás de influenciar en sus hijos. Solamente la persona que se hace responsable puede influenciar.

 

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