¿Libertad bajo responsabilidad o licencia para hacer todo lo que uno quiera? 

Frecuentemente, cuando hablo con otros papás y mamás acerca de la educación autodirigida, surge la pregunta de si no hay límites, si realmente significa dejar que los niños hagan todo lo que quieran.

Es una pregunta más que válida, y dentro de esa pregunta también existe un miedo muy grande:

Los adultos se imaginan que sin dirección e imposición de su parte, habrá un caos total, donde cada niño hace lo que quiere sin siquiera reflexionar en cómo su comportamiento puede afectar a los demás. Un poco como en El Señor de las Moscas.

Y eso es efectivamente lo que suele pasar en las escuelas tradicionales, porque ahí no se priorizan las mismas cosas que en la educación autodirigida.

Tener libertad conlleva mucha, pero muchísima, responsabilidad. Y no equivale a una “carta en blanco”, o sea, una licencia para hacer todo lo que uno quiera.

Como cualquier ser humano todos necesitamos aprender a vivir en una sociedad donde hay reglas y expectativas. Y tenemos que aprender a llevar nuestra vida de tal modo que sepamos generarnos autosuficiencia y, ojalá, felicidad. Todo eso, siempre y cuando respetemos a los demás. Esto se aprende viviendo la vida, en nuestra familia y en la sociedad. Y los niños desescolarizados no son ninguna excepción ya que participan en la vida real (y con frecuencia mucho más que los niños escolarizados).

A lo que voy es, como un ser libre, podría yo potencialmente entrar en una tienda y robarme las cosas o el dinero que hay ahí. Pero no lo haré nunca, porque sé que causaría mucho daño a los dueños de la tienda. Soy libre, pero sé cómo usar esa libertad. La responsabilidad mía es usarla de tal modo que nunca dañe a otro ser vivo.

Así que, para responder a la pregunta inicial: En la educación autodirigida, ¿les dejamos hacer todo lo que quieran?, las respuestas podrían ser: sí y no.

En general, en una escuela que se basa en la educación autodirigida (como por ejemplo en los Centros de Aprendizaje Ágil) hay expectativas muy claras y límites que los niños y jóvenes aceptan para poder participar. Los límites suelen basarse en ciertas medidas de seguridad, de legalidad y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás (aunque no nos guste, en las ALC’s, sobreproteger a los niños por todo lo que eso conlleva). Mientras cumplan con esas medidas, un niño o joven será apoyado en su búsqueda o exploración.

Significa en la realidad que los niños y jóvenes tienen un montón de libertad.

Lo mismo suele suceder en las familias que prefieren hacer unschooling con sus hijos, o sea desescolarizarlos, en vez de mandarlos a una escuela.

El punto es, cuando ponemos énfasis en las buenas relaciones entre todos, no hay mucha necesidad de generar “reglas” impuestas por los adultos. Se trata de crear una cultura, dentro de la familia y en la escuela, donde todos nos cuidamos entre todos.

Creo que todos estaremos de acuerdo con que esto no pasa en el sistema educativo tradicional, donde el enfoque único es la memorización de materias, el control de esta memorización bajo la forma de exámenes, y la calificación de este control: las boletas. No importa el bienestar emocional de los niños. Existe bullying de parte de los maestros hacia los alumnos y entre los alumnos mismos, y muy pocos adultos tienen los conocimientos y la experiencia para crear un ambiente emocionalmente seguro.

Todo esto crea un clima de competencia, y en una competencia el único enfoque que importa es ganar. No importa cómo, y no importa si uno lastima a otro en ese afán.

Al contrario, en la desescolarización, cuando las dificultades se presentan, utilizamos herramientas que se basan en un respeto profundo hacia cada niño, tales como: la comunicación no-violenta; la resolución de conflictos; la validación de emociones etc.

La gran consecuencia de eso es, que para poder apoyar a nuestros hijos de la manera más respetuosa y funcional, nosotros como adultos tenemos que estar dispuestos no sólo a crecer, sino a retar a los modelos bajo los cuales fuimos educados. Una crianza y educación autoritarias pueden cambiar por un verdadera socialización equitativa e igualitaria con los niños y los jóvenes. Y eso es realmente el reto más grande de todos.

Si queremos que nuestros hijos aprendan a usar su libertad de una manera respetuosa y responsable, nosotros como padres y madres tenemos que cambiar de modelos para volvernos los ejemplos que nuestros hijos merecen. Aprender a confiar. Dejar de sobreprotegerlos. Aprender a escuchar primero. Dejar de imponer. ¿Tú quieres que tus hijos se vuelvan respetuosos hacia los demás? Empieza tú con la práctica de respetarlos a ellos como los seres libres que son, y ya verás.

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La escuela mata la creatividad 

Sí, ya sé. Es el título de un TED talk muy famoso de Sir Ken Robinson. Y mi intención no era copiar el título, por muy bueno que sea.

He estado reflexionando sobre mis observaciones de este último año escolar, acerca de los niños escolarizados en comparación con los niños no escolarizados. Y llegué a exactamente la misma conclusión: la escuela mata la creatividad.

Cuando hablo con otros papás y mamás sobre este tema, veo que les cuesta creerme. Ven a una europea con opiniones muy radicales y vanguardistas en cuanto a la educación, y piensan que estoy exagerando. Reflexionan sobre su propia educación, y no siempre perciben que a ellos mismos les falta creatividad, o si lo ven, creen que es porque simplemente “no son creativos”.

Mi perspectiva es diferente. Por un lado, porque tuve la oportunidad de crecer en un sistema que era bastante autodirigido: la pedagogía Montessori. Así que, desde pequeña tuve la oportunidad de experimentar lo que significa tomar iniciativas, hacerme responsable de los retos que surgían (por esa misma iniciativa) y resolverlos siendo creativa.

Por otro lado, porque trabajo con niños y jóvenes (desde 2 a 12 años) en dos proyectos educativos que se basan en la Educación Autodirigida, y veo todos los días el contraste entre los niños que nunca han ido a una escuela tradicional y los que sí han ido, y/o todavía van.

Para citar a uno de mis facilitadores: “¡La diferencia es abismal!”

Me da tanto gusto que sea él quien lo diga, porque es un docente con muchos años de experiencia y sigue activo en el sistema público aquí en México. Estos antecedentes generan a veces más credibilidad en los papás, puesto que significa combinar su experiencia, pero con el enfoque que yo tengo (que “tal vez funcione en Europa, pero de este lado del mundo, pues, ¿quién sabe?”)

Pero,​ ​¿qué​ ​es​ ​lo​ ​que​ ​observamos?

Vemos que los niños que nunca han ido a un preescolar o escuela validada por el gobierno y que tienen papás “conscientes” (los educan de forma más respetuosa, confiando más en sus capacidades), son muy libres en su expresión. Significa que, expresan lo que piensan, sin miedo de ser corregidos, escuchan abiertamente y con curiosidad. También expresan unas infinitas ganas de explorar su entorno, lo que se traduce en una toma de iniciativa constante para crear lo que deseen en cada momento.

Teniendo la libertad de explorar, estos niños juegan por iniciativa propia de manera muy independiente y sólo piden ayuda o interferencia cuando sus intentos han fracasado demasiadas veces. En general, según mis observaciones, eso sucede más frecuentemente por fallas en la comunicación y en las negociaciones con sus compañeros, que en el juego mismo. Autogestionan su tiempo y autodirigen sus actividades. Es una belleza observarlos en acción.

¿Qué​ ​pasa​ ​entonces​ ​con​ ​los​ ​niños​ ​que​ ​ya​ ​fueron​ ​a​ ​un​ ​preescolar​ ​tradicional,​ ​aún​ ​si sólo​ ​fueron​ ​por​ ​un​ ​par​ ​de​ ​meses?

Lo que se nota de inmediato es la falta de toma de iniciativas. El niño o niña tarda en incorporarse al juego con los demás niños. En vez de ir a jugar de manera natural, se dirigen a las maestras preguntándoles qué deben hacer, qué va a pasar ahora, y con mucha frecuencia dicen: “Estoy aburrido/a. No sé qué hacer.”

Luego observamos que se restringen para poder satisfacer sus necesidades básicas. Nos puede confundir ese comportamiento y hacernos pensar que son niños “muy bien portados, muy educados”, porque para cada cosa piden permiso: “¿Puedo ir al baño? ¿Puedo tomar agua? ¿Puedo usar tal y tal juguete?” Pero, en realidad no es muestra de una buena educación, sino de una represión de sus necesidades y ganas, nada más.

Cuando yo veo esto en un niño de edad preescolar, me entristece. No puede ser que sea tan fácil moldear a un ser humano y que desaparezcan sus iniciativas y su libre expresión.

¿Con qué derecho los adultos hacen esto a los niños? 

En general es por pura ignorancia, y sé que si nunca has visto a un niño libre, igual crees que es completamente normal. Sí, se ha vuelto la norma, pero natural no lo es. Es producto de las escuelas basadas en un plan de estudios impuesto por adultos que, en realidad, desconocen sobre las necesidades reales de los niños y jóvenes y desconocen sobre cómo aprende a profundidad el ser humano.

Cuando un niño libre pinta, dibuja o trabaja con materiales artísticos, lo hace con gozo y con el fin de explorar colores, texturas y sensaciones.

Un niño que ha pasado tiempo en un preescolar tradicional lo hace con otra intención. Se detiene. Mira a los demás. Si ve algo que le gusta, lo copia. Y luego pregunta: “¿Quedó bien así? ¿Es bonito?” Porque ya aprendió que el proceso no importa, sino el resultado. Y pide siempre la validación del adulto.

El​ ​mismo​ ​patrón​ ​se​ ​repite​ ​con​ ​los​ ​niños​ ​más​ ​grandes​ ​y​ ​los​ ​jóvenes. Los niños desescolarizados tienen una expresión muy diferente a los niños escolarizados.

Los últimos se quedan sin hacer nada. Expresan aburrimiento y el “no saber qué hacer”. No tienen iniciativa, se quedan mirando al adulto en espera de que el adulto les resuelva su aburrimiento. Y cuando por fin se lanzan a hacer algo, en general están copiando a otros niños que ya supieron tomar iniciativa y crear algo propio. Puede ser hacer un dibujo o hacer una cabaña con palos y ramas, no importa, el patrón es el mismo: copian lo que ven, no crean algo por ellos mismos.

A diferencia, los niños desescolarizados se comportan de manera muy distinta. 

Tienen un propósito muy claro de lo que quieren lograr. Se lanzan al intento. Si fracasan demasiadas veces, buscan información de cómo lograrlo mejor (preguntando a un adulto o, con frecuencia, buscando la respuesta en internet). No cesan en sus intentos de crear lo que necesitan o lo que les emociona en el tiempo presente. Son definitivamente autodirigidos.

Y… es una belleza observarlos en acción.

Siempre he pensado que la escuela mata la creatividad. Pero después de este año de observaciones y tantas experiencias concretas con niños escolarizados y niños desescolarizados, tengo que admitir que estoy en shock. No sabía que era tan fácil matar su creatividad. No tenía idea de que, si empiezas a una edad temprana, el resultado es inmediato.

¿Pueden​ ​sanar​ ​los​ ​niños​ ​y​ ​recuperar​ ​su​ ​creatividad?

Sí pueden. Pero no siempre es fácil y es normal que tarden. Depende mucho de la actitud de los padres y madres, de qué tan conscientes sean y de qué tanto logren ellos mismos desescolarizar sus mentes y mejorar el comportamiento hacia sus hijos. Tenemos que aprender a confiar en la capacidad en nuestros hijos, hacernos a un lado y dejar que se aburran en vez de intentar resolverles su situación. Eso sólo lleva a que nunca sean capaces de hacerlo por ellos mismos.

Necesitamos también aprender a confiar en las elecciones de nuestros hijos, y no juzgar sus intereses como inapropiados, inútiles o superficiales. Eso les restringirá por completo para poder desarrollar su creatividad. Hay que recordar que aprender es natural y pasa todo el tiempo, y que cada actividad humana conlleva un aprendizaje. Es el derecho de cada niño y niña a decidir cuál es esa actividad, y qué es lo que necesita aprender. Si no, vamos a repetir el mismo error que las escuelas, matando la creatividad de los niños.

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Los riesgos de la Educación Autodirigida 

Me he dado cuenta de que muchos adultos piensan que la Educación Autodirigida es algo riesgoso. Por esa razón he tomado la decisión de escribir un poco sobre los riesgos que sí implica apostarle a una educación tan diferente, donde es el niño quien tiene el control y la responsabilidad de su propio aprendizaje.

El hecho de que no haya una escuela basada en este método, que pueda ofrecer una validación oficial, resaltará tal vez como un primer riesgo. Lo que deseas como padre y madre, no sólo es lo “mejor” para tus hijos, pero lo que te parezca también más seguro. Dirías, ¿”quién no prefiere saltar con un paracaídas”?

Y en el proceso de evaluar las opciones para tus hijos, te parecerá probablemente todavía, que una validación de la Secretaría de Educación Pública, es el paracaídas más seguro. Lo que realmente quieres, es algo que asegure que tus hijos tengan éxito en sus vidas. Y sientes que ese papel lo puede garantizar.

Lo que en realidad no asimilas aún es el hecho de que esa validación no puede nunca garantizar tal cosa. El éxito de los hijos depende enteramente de ellos mismos, y de ciertas capacidades que desafortunadamente no se aprenden en las escuelas del sistema educativo tradicional. Hablo de la toma de iniciativas y de decisiones, la resolución de problemas, la responsabilidad, la perseverancia y la resiliencia, y obviamente la creatividad.

Pero regresando a la Educación Autodirigida: ¿por qué piensan muchos que implica riesgos?

Primero, porque significa soltar el control de los hijos. Si le apuestas a una educación que se basa en que los mismos niños elijan qué aprender y en qué momento, tú como padre o madre, ya no puedes controlarlos. Y eso es sumamente retador, en una sociedad donde pensamos que por ser adultos no sólo sabemos más, sino mejor que los niños (que todavía no han vivido tanto tiempo como nosotros). Puede ser completamente aterrador desafiar a esta idea que tenemos, y eso puede que sí represente un riesgo para ti. Es siempre difícil cambiar de paradigma, y sobre todo cuando se trata de soltar el control.

Porque ahí aparece automáticamente otro riesgo más: soltando el control, vas a tener que confiar en la capacidad de tus hijos. Esto implica confiar en que ellos mismos sí son capaces de definir lo que necesitan aprender en la vida – y también cuándo y dónde. Y frecuentemente tú como madre o padre no crees que sean capaces de eso.

A pesar de las numerosas investigaciones científicas que demuestran que sí son capaces (y aún si las leíste todas) va tan en contra del paradigma actual, que te parecerá demasiado riesgoso ni tan siquiera intentar confiar en tus hijos. Y podrás justificarlo reflexionando que tal vez en Europa o en Los Estados Unidos sí funciona, pero aquí en Latinoamérica, no estamos todavía ahí. Pero, en general se trata de una proyección: igual tú no confías en ti mismo/a, y eso impide que puedas confiar en tus hijos. Y obviamente percibirás la Educación Autodirigida como un riesgo.

Ahora, si metes a tus hijos en una escuela que se basa en este tipo de educación, o si decides hacer desescolarización fuera de una escuela, van a surgir otras cosas que probablemente también percibirás como riesgos.

Porque, si tus hijos tienen el poder de decidir a qué se quieren dedicar, eso significa que van a empezar a tomar iniciativas y decisiones propias. Y eso, definitivamente implicará un riesgo para ti. Porque, ¿qué tal si toman una iniciativa que va en contra de lo que a ti te parece “mejor”? ¿Qué tal, por ejemplo, si quieren trepar un árbol muy alto? ¿O si quieren subirse al techo de tu casa? ¿O pasar toda una semana viendo Youtube? ¿O si quieren estar sólo estar maquillándose el día entero y chismeando con las amigas?

Seguramente no te va a parecer. Vas a pensar que no están evaluando “bien” los riesgos que implica expandir sus capacidades físicas (“Mi hijo no mide los riesgos”). O que están malgastando su tiempo en actividades que no sirven para nada (“Mi hija no sabe priorizar cosas útiles en la vida” o “Mis hijos sólo pasan el tiempo jugando”). Y te va a parecer más que riesgoso meter a tus hijos en un formato educativo que se basa en confiar en ellos.

Desde siempre te han estado demostrando que no se puede (y que no se debe) confiar en ellos porque eligen dedicarse a cosas “inútiles” en vez de cosas más “productivas”. Y mejor no sueltas el control ya que “tú sabes mejor que ellos lo que necesitan”.

Ahora, si ponemos tus juicios y convicciones de un lado, y retamos un poco tu mente: ¿cómo puedes tú saber qué es mejor para tus hijos? ¿Cómo puedes tú saber cuál es su camino en la vida, su misión y su pasión?

Sabías que muchos estudios dicen que en 20 años, 80 a 90% de las profesiones que existen hoy en día ya no existirán? Sabías que, ¿la mayor parte de las nuevas profesiones que surgirán, ni han sido todavía inventadas ni pensadas? Así que, ¿cómo puedes tú saber lo que es mejor para tus hijos?

¿Qué tal si tu hija se dedica a algo “tan superficial” como la moda? Y tú, por creer que no tiene fondo, le prohibes dedicarse a lo que más le gusta… y sin darte cuenta, le quitas la posibilidad de volverse experta en diseño.

¿Qué tal si tu hijo, “que está malgastando su tiempo viendo Youtube”, está aprendiendo cosas vitales para él? Por ejemplo: cómo construir algo que le interesa, o está almacenando información sobre algo que quisiera hacer él mismo pero que necesita inspirarse mucho antes de intentarlo.

¿Qué tal si está desarrollando su pensamiento crítico porque empieza a comparar cómo hacen publicaciones en Youtube, y empieza a lograr verbalizar por qué unos son buenos y otros no tan buenos?

O estos niños “tan atrevidos que no se miden y siempre quieren hacer lo más peligroso”… ¿Podrían posiblemente estar aprendiendo algo valioso? ¿Qué tal si están descubriendo sus límites físicos, sabiendo cómo retar al cuerpo y ver de qué son capaces? Tal vez están superando miedos y resolviendo problemas que aparecen en sus exploraciones, obligándose a ser creativos porque ellos mismos decidieron estar en una situación compleja y ellos saben que pueden resolverla. Esas son capacidades que realmente les servirán en sus vidas, y son cosas que nunca podrían aprender en una escuela tradicional.

“¡Pero se pueden lastimar!” Sí, es cierto. Se pueden lastimar y muy seguramente eso puede suceder. Podrá parecer demasiado peligroso dejarlos explorar sus límites físicos, pero, ¿sabías que en los deportes organizados y competitivos los niños se lastiman muchísimo más que cuando exploran libremente sin la supervisión de adultos? Y sabías que, ¿a través del riesgo y daño físico, los niños aprenden a lidiar mejor con sus decepciones emocionales y sus retos psicológicos a lo largo de su crecimiento?

La verdad es que, tú como madre o padre no sabrías lo que están realmente aprendiendo tus hijos, pero se los querrías impedir. Porque no tendrías el control y no entenderías cómo pueden aprender cosas relevantes haciendo lo que tú no entenderías. Y eso, te parece riesgoso.

Pero tal vez más riesgoso te parecería, que bajo la Educación Autodirigida, tus hijos, por tomar sus propias iniciativas y decisiones, se van a equivocar. Y van a fracasar en sus intentos. Y si tienes una tendencia a quererlos sobreproteger, porque no confías en su capacidad de ser resilientes (levantarse después de un fracaso y volverlo a intentar, fortaleciéndose cada vez más), entonces definitivamente te parecerá muy riesgosa esta educación.

Además, porque cuando tú sueltes el control y empieces a confiar, tus hijos desarrollarán su voluntad propia. Y la expresarán plenamente. Y te parecerán seguramente desobedientes o rebeldes. Pero el punto que quizá no ves, es que al mismo tiempo, tus hijos se estarán volviendo independientes. No debería de verse como un riesgo, pero entiendo que hay padres y madres que no quieren ver que sus hijos se independicen. Los quieren ver chiquitos y dependientes para siempre. Así son más fáciles de controlar. No importa si interfiere con su capacidad de crear una vida autosuficiente emocional y materialmente.

Para concluir, los “riesgos” de la Educación Autodirigida sí son muchos. Tus hijos se volverán independientes, con una gran capacidad de tomar iniciativas y decisiones propias, creativos y talentosos para resolver problemas y encontrar nuevas soluciones. Te retarán constantemente y te obligarán a desarrollarte y crecer como persona. Desarrollarán una fuerte voluntad que podrá chocar a veces con la tuya. Cuestionarán los modelos de autoridad: la tuya, la de ciertas leyes o instituciones. Vivirán fracasos y experimentarán equivocándose, y desarrollarán perseverancia y resiliencia. Y puede ser muy muy difícil, lidiar con todo esto si tú, como madre o padre, no estás todavía lista/o de bajarte de tu trono de adulto desde donde tú tienes todo el control.

El último riesgo que existe en la Educación Autodirigida, es que tus hijos se vuelvan tan diferentes a las demás personas que tal vez no encajen mucho en la sociedad a la que pertenezcas. Puede ser un riesgo si quieres forzosamente que tus hijos se vuelvan empleados clásicos que obedezcan órdenes y hagan lo que se les dice. También representará un riesgo si te encanta la sociedad tal y como está en este momento.

Pero si no tienes problemas con que tus hijos se vuelvan emprendedores e innovadores, responsables de quienes son y capaces de crear su propia vida y lo que necesitan para autosustentarse, o si piensas que es momento de que sí cambie la sociedad, la Educación Autodirigida es todo, menos un riesgo.

Al contrario, es una enorme solución para todas las familias que, como tú, quieren empoderar a sus hijos, equipándolos con las capacidades más significativas que hay para garantizarles su éxito en el futuro. Y también, es el inicio de la resolución de muchos problemas con los cuales cargamos en las sociedades humanas.

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Los ingredientes básicos de la educación auto-dirigida

La mayor parte de las familias, todavía están muy lejos de considerar una escuela donde los niños y los adolescentes se encarguen de su propia educación. Donde no hay salones ni maestros, donde no exista un plan de estudios, tareas, exámenes o calificaciones. Lo puedo entender, ya que la mayor parte de los adultos han vivido la experiencia de una escolarización muy tradicional, donde todo lo antes mencionado es considerado la clave de una educación exitosa.

Sin embargo, casi todos estamos de acuerdo que el sistema educativo tradicional está fallando, que está obsoleto. Consideramos que los niños están malgastando su tiempo en la memorización de datos y hechos que, por un lado no son muy útiles en la vida real y que, por el otro, pueden encontrar con facilidad en Google en el momento que lo deseen.

Hay diferentes pedagogías alternativas, y en general son buenas. Pero hay sólo una rama que deja la total libertad y responsabilidad de su propia educación a los mismos alumnos: la educación auto-dirigida. Hay una cantidad enorme de investigaciones científicas que demuestran que este tipo de educación sí funciona – y funciona muy bien. ¿Por qué? Porque es la forma natural en la cual aprende el ser humano. Así aprendemos a caminar y hablar, así podemos aprender todo lo demás. Aprendemos principalmente por necesidad, interés y pasión. Eso es el gran motor que nos empuja adelante: porque nosotros mismos lo queremos.

A ningún padre o madre se les ocurriría ponerle tarea o ejercicios extras a su  bebé para que aprenda a hablar o caminar. Tampoco pensaríamos en evaluar sus capacidades haciéndole pasar un examen o calificando sus avances. Vemos que aprende explorando libremente su mundo, jugando e interactuando con los objetos y las personas a su alrededor y con eso estamos satisfechos – hasta que cumplan la edad de la escolarización. De repente cambia todo.

En Suecia, mi país de origen, eso sucede a los siete años. En el estado de Oaxaca, México, donde radico, pasa a los tres años. Ya se acabó el juego. A partir de este momento (según decisiones tomadas por personas que saben muy poco sobre cómo aprende el ser humano) el niño necesita aprender por imposición. Y se acaba la confianza que teníamos en los bebés: de que sí son capaces de aprender por su propia motivación. Los bebés sí pueden, pero cuando están más grandes no. Extraño, ¿no crees?

No obstante, hay familias que sí están dispuestas a dejar que sus hijos aprendan bajo un formato de auto-dirección – o en familia, o en escuelas basadas sobre este mismo concepto. Estas familias valientes entran en un camino retador. Por un lado porque eso implica que tengan que seguir confiando en la capacidad de aprender de sus hijos, aunque nadie más lo haga. Por el otro, porque dejar que sus hijos estén a cargo de su propio aprendizaje, es la absoluta antítesis de cómo funciona ”el aprendizaje” en una escuela tradicional. Y eso va en contra de toda la sociedad. Estas familias están constantemente expuestas a las críticas de sus cercanos que no pueden entender, ”¡cómo pueden ser tan irresponsables de confiar en la capacidad de aprender de sus hijos!”. Obviamente, esta presión constante les genera incertidumbre. Y dudas, de hecho, ya tienen suficientes.

Porque a pesar de haber tomado la decisión de confiar en sus hijos, y a pesar de todas las investigaciones que apoyan esta forma de aprender, no es nada fácil realmente confiar en los niños. Tenemos tanta programación mental que nos indica que somos más inteligentes que los niños y que sabemos mucho más que ellos, que no puede ser que ellos mismos (tan chiquitos) sepan administrar y gestionar su propio tiempo de manera inteligente, y que realmente sepan sacarle provecho y aprender (sobre todo cuando en realidad lo único que parecen estar haciendo es jugar…). Esa mentalidad se llama adultismo y es algo de lo primero que tenemos que confrontar en nosotros mismos al entrar en el camino del la desescolarización.

Las propias dudas nuestras, el cuestionamiento de los demás, viejos paradigmas mentales como el adultismo, la falta de confianza en el niño y su capacidad etc., son cosas que hacen que el camino de desescolarización se vuelva un camino de valientes. Y muchos padres y madres se preguntan cómo pueden estar seguros de que sí salgan exitosos sus hijos, y cómo pueden asegurarse de darles el máximo apoyo para que así sea.

Para todos estos padres y madres les tengo una buena noticia: sí hay ingredientes que son necesarios para lograr una educación auto-dirigida exitosa. Peter Gray los ha reunido en un artículo que se llama The Natural Environment for Children´s Self-Education. Si podemos juntar todos esos ingredientes y ofrecérselos a nuestros hijos, quitándonos de su camino y confiando en sus capacidades, de verdad no necesitamos dudar más. Aquí vienen bajo mi interpretación:

Tiempo y espacio para el juego y la libre exploración
Para que nuestros hijos puedan aprender a través del juego, necesitan una cantidad enorme de tiempo para jugar y explorar – sin interferencia o imposición de adultos (¡mucho ojo papás y mamás controladores!). También necesitan espacio para poder explorar su entorno libremente, poder salirse y tener acceso a la naturaleza – con toda su variedad.

Edades mezcladas
Los niños aprenden enormemente el uno del otro cuando tienen la posibilidad de convivir fuera de la segregación de edades. Los más chiquitos ven a los más grandes y perseveran para poder hacer todo lo que saben hacer ellos. Los más grandes aprenden compasión y empatía al cuidar a los más chicos, y les enseñan a hacer cosas que nunca podrían aprender si estuvieran en un grupo de puros niños de la misma edad.

Acceso a adultos afectuosos con conocimiento
Adultos que puedan ofrecer un máximo de apoyo con un mínimo de interferencia, es algo que todos los niños necesitan. Poder acceder a la ayuda y el apoyo (físico, intelectual o emocional) de parte de un adulto a quien realmente le importa el niño, cuando el niño mismo lo necesite y lo desee, es algo muy valioso. Si este ingrediente no existe, fácilmente el entorno de los niños se transforma en algo parecido a lo que sucede en El Señor de las Moscas.

Acceso a herramientas diferentes
Para que un niño pueda aprender libremente, necesita acceso a una variedad grande de herramientas. Utensilios de la cocina, computadoras, material artístico, herramientas de carpintería y jardinería y equipamiento deportivo forman todos parte de lo que necesita el niño para aprender – aunque elija no usar todo.

Acceso a un libre intercambio de ideas
El desarrollo intelectual sucede cuando una persona tiene la oportunidad de tomar parte en discusiones libremente, donde puede escuchar ideas y opiniones diferentes y opuestas sin censura. Esto les ayuda a poder desarrollar sus propias opiniones y también el respeto a la opinión del otro. Los adultos necesitamos aprender a superar nuestra propia incomodidad frente a temas difíciles y lograr compartir sin censura (y sin morbo) y confiar en la capacidad de los niños de poder lidiar con lo que escuchan.

Ausencia de bullying y de bullys
Para que un niño pueda jugar y explorar libremente, necesita sentirse a salvo física y emocionalmente. La creación de una cultura consciente, donde se respetan las diferencias es vital para que un aprendizaje sano pueda suceder. Es fundamental que los niños formen parte del proceso de elaboración de los acuerdos, pero es de igual importancia que los pongan en práctica y que los actualicen cuando sea necesario. Esto garantiza un ambiente sano para todos.

Inmersión en procesos democráticos
La posibilidad de formar parte en procesos democráticos ayuda al niño a fomentar la responsabilidad de su propio aprendizaje y a aumentar su motivación. Si la opinión de cada persona realmente impacta, es necesario que uno piense muy bien antes de darle voz a su opinión. Cada persona es responsable de sí misma, pero también de su comunidad.

Admito que al inicio esto no es nada fácil. Pero una vez que tomas la decisión, tu trabajo como padre o madre se vuelve en ofrecerles a tus hijos todas las circunstancias donde puedan jugar y explorar libremente, confiando en su capacidad innata de aprender lo que necesitan en el momento que ellos mismos lo elijan. Y eso es tal vez lo que más valor requiere: hacernos de un lado, soltar el control y dejar de impedir que aprendan lo que ellos mismos escojan.

Para todos los que todavía dudan y sienten la necesidad de más apoyo científico, y para todos los que nunca habían escuchado de la educación auto-dirigida, les recomiendo que lean Libres para Aprender de Peter Gray.

 

 

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Los accidentes y el desarrollo de los niños

Quisiera compartirles mi perspectiva de los accidentes – desde los chiquitos (moretones, raspones etc.) a los grandes (golpes fuertes, caídas y fracturas).

Soy la primera en reconocer que un accidente casi siempre es desagradable. En general provoca mucho miedo en los adultos. Como padres y madres preferimos todos que nuestros hijos estén bien e intactos. Al mismo tiempo, es un hecho que los accidentes forman parte de la vida. A pesar de todas las precauciones que uno pueda estar tomando, van a seguir pasando – independientemente de lo que uno quiera.

Mi proyecto de educación auto-dirigida, Explora ALC, es un Agile Learning Center (o Centro de Aprendizaje Ágil en español), y como tal compartimos la filosofía de todos los ALCs: confiamos en la capacidad de los niños de saber lo que necesitan y de tomar las decisiones necesarias para poder desarrollar sus intereses sin restricciones y/o imposiciones de los adultos. Esto se basa en investigaciones científicas que demuestran que los niños que tienen el derecho de explorar libremente su entorno, tomando riesgos, empujando sus límites físicos, mentales y emocionales, se vuelven más capaces y menos temerosos de adultos – en comparación de los que no tienen esas mismas oportunidades.

Esto implica que, en un ALC, los adultos siempre trabajamos para poder apoyar a un máximo a los niños en sus deseos de realizarse, sin estar constantemente detrás de ellos. Eso, a su vez, significa que, si no se trata de riesgos que puedan poner en peligro la vida y/o la psique del niño, sí los apoyamos en sus exploraciones porque sabemos todas las ventajas y beneficios que eso genera en ellos – a pesar de que a veces se puedan lastimar. Y sí se lastiman (en o fuera de Explora). Sin embargo, tenemos también límites, y hay actividades que sí consideramos de alto riesgo y por lo tanto no-negociables: irse solos a la playa; salirse sin avisar a donde van; subirse al barandal de la terraza; insultar o lastimar a otro; y no respetarse a sí mismos.

Queremos siempre que los niños estén bien, pero sabemos que no los podemos proteger del resultado de explorar su curiosidad y ganas de vivir experiencias nuevas. Las investigaciones también demuestran que los niños aprenden mucho de los accidentes y le sacan un provecho que se les queda como enseñanzas que les sirven en el futuro: como por ejemplo superar un miedo; resolver un lío en el cuál se metan; o reconocer que cuando estén cansados sean conscientes de sus propios límites.

Mis facilitadores y yo nunca nos vamos a imponer ante los niños y decirles lo que sí o no puedan hacer de la manera convencional, limitándoles así su libertad. Sería ser incongruentes con todo el proyecto de Explora y los fundamentos de los ALCs.

Creé Explora para apoyar el desarrollo de los niños – aun cuando eso incluye hacer cosas un poco peligrosas como trepar una barda o un árbol, hacer una fogata etc.: siempre y cuando el niño se respete a sí mismo y respete a los demás.

Cuando un accidente sí sucede, platicamos con el niño o niña para reflexionar sobre lo que pasó, porque existe una oportunidad de aprender mucho sobre el accidente que sufrió. De ahí surgen decisiones de parte del niño o de la niña de cómo quiere él/ella manejar ese tipo de situaciones en el futuro.

Vemos que los niños sí crecen mucho más cuando, en vez de prohibirles experiencias vitales de la vida, tienen la oportunidad de tomar sus propias decisiones y luego hacerse responsables de las consecuencias – todo siendo apoyados por adultos a quienes les importa el bienestar de cada uno de ellos.

Y recuerda: al prohibirle algo a tu hijo o hija, no significa que no lo vaya a hacer. Es más que probable que sí lo haga de todas maneras – sólo que no te lo va a compartir.

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Cómo controlarme frente a las reacciones descontroladas de mis hijos

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El bullying

El bullying es un tema muy importante para mí. Siempre estoy trabajando para proteger los derechos de los niños, y me frustra mucho cuando veo que niños está siendo víctimas de bullying sin que los adultos tomen su responsabilidad y actúen como la autoridad y el ejemplo que deberían ser.

Creo que los adultos renuncian a su poder porque en realidad no saben cómo lidiar con este fenómeno tan común. Eso lo puedo entender. Pero luego veo que además de eso quieren cargar la responsabilidad de resolución del problema en el mismo niño que está siendo expuesto al bullying, diciendo que el niño tiene que aprender a aguantar la situación y/o confrontarla para hacerse fuerte. Pero eso es profundamente injusto porque se le carga la responsabilidad a la víctima, que ya de por sí está siendo debilitado por los sucesos.

Es una muestra de falta de entendimiento de qué tan dañino es el bullying a nivel emocional porque afecta directamente la auto-estima y muchas veces la capacidad de socializar.

Los niños tienden muchas veces a culparse a sí mismos por las cosas que pasan. Piensan por ejemplo frecuentemente, que es su culpa que los papás se divorcian. Cuando eres niño es muy difícil entender todo lo que pasa, y es muy común que asuman la responsabilidad por cosas que no tienen nada que ver con ellos. Por esa razón, es muy importante que nosotros como adultos les aclaremos que nos es su culpa y que no deben de sentirse responsables por lo que está pasando. Y luego, obviamente, nosotros asumir esa misma responsabilidad y proteger a nuestros hijos – en el caso de que lo necesiten. Si al contrario, tu hijo o hija es un bully, y no una víctima, también necesitas asumir la responsabilidad – pero ayudándole a volverse más empático y compasivo y poderse colocar en el lugar del otro y entender cómo se siente ser expuesto a actos agresivos.

La definición más sencilla y general, es que el bullying son actos negativos dirigidos hacia la misma persona por una o más personas durante un tiempo prolongado. Los actos de bullying pueden ser verbales, no verbales y/o físicos: desde los insultos, las críticas constantes, los chimes o la ”ley de hielo” (o sea el ignorar a una persona, no dirigirle la palabra o evitar invitarla a fiestas etc.) hasta los golpes físicos.

El bullying es un fenómeno muy común, que se sostiene frecuentemente por el mismo sistema escolar que permite que un maestro domine, exponga, balconee, averigüence, insulte y hasta pegue a los niños (en general frente al mismo grupo). Si el adulto lo hace, obviamente los niños copian esa actitud.

Para evitar ser expuesto al bullying, lo más fácil es unirse al bully y volverse uno. ¡Ojo! Sólo porque no lo inició uno, no significa que no es un bully. Seguir al líder, o callarse y no interferir, también es parte de bullying. Y es de esa manera que puede seguir existiendo.

Lo que hay que entender, es que el bullying en realidad es un abuso, y cualquier abuso es dañino para el ser humano sin importar su edad o género.

Para mi es obvio que ningún niño debería nunca de cargar con la responsabilidad de resolver una situación abusiva de la cual es víctima. Al contrario, es la labor de los adultos crear un entorno seguro para todos los niños. Si eso no existe, y el bullying ya es un hecho, opino que no hay que seguir exponiendo a un niño a esa constante amenaza física y/o emocional porque lo va destruyendo desde adentro y las secuelas pueden ser de vida.

Si tu hijo/hija está está siendo víctima de bullying, no renuncies a tu poder de mamá o papá. Tu principal deber es hacia tu hijo/hija a quien tienes que defender siempre. ¡No esperes! Si nunca has sido expuesto al bullying tú mismo, no sabes las consecuencias que va a sufrir en el futuro tu hijo/hija. No dejes que tus miedos se impongan. Se trata de la seguridad física y emocional de tu hijo /hija y tu eres el único responsable de proveer de esa seguridad para él/ella

Tal como se ve la situación hoy en día, los adultos que trabajan en las escuelas no están capacitados para lidiar con el bullying. Muchas veces forma parte de ese mismo patrón, y otras veces simplemente no saben que hacer y dan la espalda a lo que está sucediendo. Con demasiada frecuencia se le culpa al niño expuesto, a la mera víctima – en vez de darle el apoyo y la protección que necesita

Por eso opino que es mejor sacar al niño del entorno dañino (aunque no ha generado esa situación), porque no hay ninguna garantía de que los adultos en la escuela sepan como lidiar con la situación, ni que tengan la capacidad de mejorarla.

Crear una cultura donde todos puedan ser aceptados y respetados requiere un trabajo constante y consciente por parte de los adultos. Es ahí donde radica no sólo la responsabilidad sino la solución. Pero es un desafío grande y no he visto personalmente a maestros que lo saben manejar. Es muy triste, pero es la realidad.

 

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Lo que hace el sistema tradicional a nuestros hijos. 

Son muchos años que tengo la oportunidad de observar cómo se comportan los niños en general, y cuáles son las diferencias que observo entre niños que están en el sistema educativo tradicional y los que están en sistemas alternativos.

Todos los niños aprenden de los adultos. Somos sus modelos y ejemplos. Si nosotros aprendemos a validar las emociones de los niños, y los escuchamos sin juzgar, criticar, regañar o intentar controlarlos, ellos aprenden a ponerles nombre a sus emociones, a reconocerlas y con el tiempo también de aprender a controlar sus reacciones. Aprenden a escucharse a sí mismos, y por ende también a escuchar a los demás – lo que desarrolla la empatía y la compasión hacia los demás.

Pero el sistema educativo tradicional no es así. En ese sistema, los adultos no escuchan a los niños. Son los niños que tienen que escuchar a los adultos, que les interese o no, si les hace relevante o no. Es por imposición y dominación, y la comunicación va de arriba hacia abajo – y no de manera horizontal desde un ser humano a otro ser humano.

Esto crea en los niños una carencia emocional: la de ser escuchados. Esa falta les lleva 1) a gritar para que los escuchemos 2) a no escuchar a los demás. Lo he observado vez tras vez. Es frustrante no ser escuchado. De hecho es una muestra de falta de respeto de parte de los adultos hacia los niños, y esa falta de respeto genera más falta de respeto: entre los niños mismos. “Yo no te voy a escuchar porque no me interesa. Pero tú sí me vas a escuchar a mí y hacer lo que yo quiero.”

Para mi, la primera señal de si una persona tiene capacidad de comunicación o no, es la capacidad de escuchar al otro. No el expresarse.

La imposición y la obligación de hacer lo que otra persona manda, es una forma de violencia que se ejerce todos los días en las escuelas, y muchas veces también en las casas. Ni lo cuestionamos, porque estamos tan acostumbrados a estos métodos que los consideramos normales. El no escuchar al otro, en realidad es una gran falta de respeto por los derechos ajenos, pero tampoco lo cuestionamos porque vivimos en una sociedad violenta donde es normal que los que tienen el poder (si son los padres, maestros, gobernadores, senadores o el presidente, es sin importar) no escuchan a los que están a su cargo, no los respetan sino les imponen lo que ellos consideran lo correcto, lo importante o lo adecuado. No vemos que es una actitud violenta y opresiva, porque lo hemos vivido desde bebés. Es parte de la normalidad – y parte de lo que se llama la mente escolarizada. Pensamos que así tiene que ser y no buscamos otras maneras más funcionales para operar en el día en día.

Creo que pocas personas están en desacuerdo cuando digo que vivimos en una sociedad violenta y opresora. Pero de ahí a reconocer que nosotros mismos estamos repitiendo esos patrones hay un abismo. Y el hecho que el sistema educativo así está construido, es simplemente como siempre ha sido.

Sin embargo, yo veo todos los días que no tiene por que ser así, en los niños que han crecido con la libertad de ser quienes son, que han tenido la oportunidad de gestionar su propio tiempo, desarrollar la toma de decisiones y de iniciativas, que han aprendido a hacerse cargo de las consecuencias de esas dichas tomas de decisiones e iniciativas. Se vuelven creativos y constructivos, y pasan su tiempo diviertiéndose explorando sus intereses y aprendiendo de manera natural.

A diferencia, los niños que no han tenido esta oportunidad porque están en un sistema donde no se les escucha, donde ni hay recreo o juego libre y donde, por las tardes, tampoco tienen la posibilidad de jugar libremente porque tienen tareas (con sus exámenes y calificaciones pendientes), y luego todavía más actividades dirigidas por adultos – estos niños no saben cómo manejar la libertad cuando les llega.

Cuando por fin sí tienen acceso a libertad, los veo casi abrumados de esa misma libertad. Y agarran la posibilidad de hacer lo que se les da la gana, sin considerar las necesidades de los demás. Y sin la capacidad de generar ideas creativas y constructivas. Como nunca han tenido la oportunidad de desarrollar ese lado positivo, no saben cómo hacerle. Van directo a lo más prohibido, lo más peligroso – hambrientos de libertad. Y las actitudes de los bullies ahí están. Agresiones verbales y hasta físicas. La falta total del respeto hacia el “¡Para! No me gusta.” Cero capacidad de respetar los acuerdos entre todos, y del escuchar al otro.

Y esto, no es normal. Es el fruto de un sistema opresivo y violento. Pero es un fruto que es considerado la norma, simplemente porque no hemos vivido otra cosa. Pero normal, no lo es. Los niños que crecen en entornos pacíficos, no se vuelven agresivos. Los niños que han sido escuchados y respetados escuchan y respetan.

La buena noticia es que sí se puede revertir este proceso. Pero requiere un trabajo de desescolarización – no sólo del niño sino también de los papás. Nosotros tenemos la responsabilidad de la educación de nuestros hijos. Pero eso no significa dominarlos, sino regalarles lo más bonito que hay en la vida: la libertad de ser quienes son y de desarrollarse como ellos mismos desean. Para lograr eso hace falta soltar el control y aprender a confiar en las capacidades de nuestros hijos. No es fácil cuando nunca lo has hecho, pero si entiendes porqué es importante te vas a esforzar para desescolarizarte a ti también.

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¿Qué es la desescolarización?

El primer episodio en español del programa Por Amor al Aprendizaje. El panel consiste de gente experta en este tema innovador. ¡Escucha, reta tu mente y aprende!

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Entrevista sobre los Centros de Aprendizaje Ágil – en inglés

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