¿Libertad bajo responsabilidad o licencia para hacer todo lo que uno quiera? 

Frecuentemente, cuando hablo con otros papás y mamás acerca de la educación autodirigida, surge la pregunta de si no hay límites, si realmente significa dejar que los niños hagan todo lo que quieran.

Es una pregunta más que válida, y dentro de esa pregunta también existe un miedo muy grande:

Los adultos se imaginan que sin dirección e imposición de su parte, habrá un caos total, donde cada niño hace lo que quiere sin siquiera reflexionar en cómo su comportamiento puede afectar a los demás. Un poco como en El Señor de las Moscas.

Y eso es efectivamente lo que suele pasar en las escuelas tradicionales, porque ahí no se priorizan las mismas cosas que en la educación autodirigida.

Tener libertad conlleva mucha, pero muchísima, responsabilidad. Y no equivale a una “carta en blanco”, o sea, una licencia para hacer todo lo que uno quiera.

Como cualquier ser humano todos necesitamos aprender a vivir en una sociedad donde hay reglas y expectativas. Y tenemos que aprender a llevar nuestra vida de tal modo que sepamos generarnos autosuficiencia y, ojalá, felicidad. Todo eso, siempre y cuando respetemos a los demás. Esto se aprende viviendo la vida, en nuestra familia y en la sociedad. Y los niños desescolarizados no son ninguna excepción ya que participan en la vida real (y con frecuencia mucho más que los niños escolarizados).

A lo que voy es, como un ser libre, podría yo potencialmente entrar en una tienda y robarme las cosas o el dinero que hay ahí. Pero no lo haré nunca, porque sé que causaría mucho daño a los dueños de la tienda. Soy libre, pero sé cómo usar esa libertad. La responsabilidad mía es usarla de tal modo que nunca dañe a otro ser vivo.

Así que, para responder a la pregunta inicial: En la educación autodirigida, ¿les dejamos hacer todo lo que quieran?, las respuestas podrían ser: sí y no.

En general, en una escuela que se basa en la educación autodirigida (como por ejemplo en los Centros de Aprendizaje Ágil) hay expectativas muy claras y límites que los niños y jóvenes aceptan para poder participar. Los límites suelen basarse en ciertas medidas de seguridad, de legalidad y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás (aunque no nos guste, en las ALC’s, sobreproteger a los niños por todo lo que eso conlleva). Mientras cumplan con esas medidas, un niño o joven será apoyado en su búsqueda o exploración.

Significa en la realidad que los niños y jóvenes tienen un montón de libertad.

Lo mismo suele suceder en las familias que prefieren hacer unschooling con sus hijos, o sea desescolarizarlos, en vez de mandarlos a una escuela.

El punto es, cuando ponemos énfasis en las buenas relaciones entre todos, no hay mucha necesidad de generar “reglas” impuestas por los adultos. Se trata de crear una cultura, dentro de la familia y en la escuela, donde todos nos cuidamos entre todos.

Creo que todos estaremos de acuerdo con que esto no pasa en el sistema educativo tradicional, donde el enfoque único es la memorización de materias, el control de esta memorización bajo la forma de exámenes, y la calificación de este control: las boletas. No importa el bienestar emocional de los niños. Existe bullying de parte de los maestros hacia los alumnos y entre los alumnos mismos, y muy pocos adultos tienen los conocimientos y la experiencia para crear un ambiente emocionalmente seguro.

Todo esto crea un clima de competencia, y en una competencia el único enfoque que importa es ganar. No importa cómo, y no importa si uno lastima a otro en ese afán.

Al contrario, en la desescolarización, cuando las dificultades se presentan, utilizamos herramientas que se basan en un respeto profundo hacia cada niño, tales como: la comunicación no-violenta; la resolución de conflictos; la validación de emociones etc.

La gran consecuencia de eso es, que para poder apoyar a nuestros hijos de la manera más respetuosa y funcional, nosotros como adultos tenemos que estar dispuestos no sólo a crecer, sino a retar a los modelos bajo los cuales fuimos educados. Una crianza y educación autoritarias pueden cambiar por un verdadera socialización equitativa e igualitaria con los niños y los jóvenes. Y eso es realmente el reto más grande de todos.

Si queremos que nuestros hijos aprendan a usar su libertad de una manera respetuosa y responsable, nosotros como padres y madres tenemos que cambiar de modelos para volvernos los ejemplos que nuestros hijos merecen. Aprender a confiar. Dejar de sobreprotegerlos. Aprender a escuchar primero. Dejar de imponer. ¿Tú quieres que tus hijos se vuelvan respetuosos hacia los demás? Empieza tú con la práctica de respetarlos a ellos como los seres libres que son, y ya verás.

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